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La música como consciencia


De: JAVIER SAMPEDRO


Igual que la gente es una sola cosa vista desde la distancia y una plétora a pie de calle, nuestra consciencia es un flujo único en nuestra experiencia, pero una multitud de diablillos celulares a la escala que usan los neurólogos, que es también a la que sufren sus pacientes. La voluntad de mover un brazo reside en un trozo de cerebro, como la habilidad para percibir formas, la aptitud de emocionarse con lo bello o la conjugación del subjuntivo. Estos talentos se deben a la arquitectura innata del cerebro como a las nuevas geometrías que imprime en sus circuitos el aprendizaje del mundo, pero son agentes autónomos en buena medida, y ocupan posiciones discretas en el cráneo. No es extraño que puedan estropearse por separado, y así lo ha establecido un siglo de investigación neurológica.

La música no es una excepción. La capacidad para percibirla y disfrutarla como una de las mayores experiencias estéticas que cabe vivir, es un universal humano, instalado con profundidad en todas las culturas y poblaciones sin excepción conocida. Su generalidad es tal que algunos científicos sospechan que evolucionó íntimamente asociada al bipedalismo y la coordinación de movimientos necesaria para caminar y correr. También para bailar. Su relación con la evolución del lenguaje es más evidente aún, y fue ya propuesta por Darwin en el libro que fundó las modernas ciencias cognitivas, La expresión de las emociones en el hombre y los animales, de 1872.

La música sigue circuitos paralelos a los de la percepción lingüística en el córtex auditivo, la zona del cerebro cercana a las orejas. Empieza como estos en la cóclea, el órgano espiral que clasifica los sonidos por su frecuencia acústica, o como notas en la escala musical. A medida que la información asciende por el córtex, de las orejas a lo alto de la cabeza, se hace más abstracta: las notas se abstraen en intervalos y acordes, luego en frases y pasajes, hasta que una sonata entera llega a ser un concepto. Y más allá, cuando no ya un blues, sino todos los blues, conforman una sola idea en los estratos superiores de la mente. El proceso es idéntico al que permite entender el lenguaje, o simplemente ver el mundo que tenemos delante.


La consciencia es una, pero a veces hecha de partes dañadas, ausencias, pecios de la biografía.








Expresion musical


Expresión, como término musical, equivale a la traducción externa de los estados o sentimientos anímicos del compositor ante su obra; en el intérprete, implica la cualidad de una versión o lectura musical por la que se hacen compatibles las ideas del compositor, transmitiendo lo más fielmente posible su pehttp://www.blogger.com/img/blank.gifnsamiento e interpretando lo que se sobrentiende según el criterio y la sensibilidad del intérprete.

Ferruccio Benvenuto Busoni (1866-1924) afirmaba que la música no eran las notas de una partitura, sino lo que había debajo de ellas, y Alfred Cortot (1877-1962) lo que había entre ellas. Tocar con expresión es una tautología necesaria, ya que es la repetición de un mismo pensamiento musical expresado de distintas maneras; es la facultad por la que un intérprete musical puede hacer perceptible la idea o el misterio de una determinada obra. El buen intérprete debe evitar caer en dos vicios opuestos: la vehemencia, que desfigura la obra, exagerándola o falseándola, y la frivolidad, que la vuelve insípida, monótona y aburrida.

En las partituras de órgano se suele emplear este término refiriéndose al empleo del pedal que comunica con la caja de presión; ésta es la caja de resonancia que permite al instrumento el crescendo o el decrescendo.


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FOTOGRAFIA: Jesé Sigüenza

Breve historia del mariachi

® Por Marcial Fernández

El término mariachi es de origen incierto, pero se cree que se trata de una palabra coca con la que, en la Nueva Galicia, los indígenas de Techaluta nombraban a un tablado de madera en el que realizan sus bailes o zapateados.

Hay quienes afirman que el nombre deriva de un árbol -hoy desconocido- con cuya madera se construían dichos tablados.

Otra versión indica que “mariachi” es una palabra mestiza formada por el castellano “María” y el coca shi, “son”, y se refiere a las letras (en honor a María) y música (sones) que los habitantes de Cocula crean para adorar a la Virgen de la Pila (la Inmaculada Concepción), llevada a tal territorio por Fray Miguel de Bolonia en 1528.

Una tercera versión indica que “mariachi” deviene del francés marriage, “matrimonio”, que, durante la llamada Guerra de los Pasteles (1838-1839) era la manera en que los franceses designaban no sólo las bodas en México, sino a la música de dichas celebraciones.

Sea cual sea el origen de la palabra, lo cierto es que el mariachi nace de la fusión de caracolas, teponaztlis, huéhuetls, flautas de carrizo o barro con guitarras y violines; en tanto se dio ese mestizaje instrumental, en 1695 los cocas inventaron la vihuela y, con posteridad, el guitarrón -que sustituyó al laúd y al contrabajo españoles, respectivamente-, y se sabe que para la década de los 30 del siglo XIX había en Cocula al menos dos mariachis: el Coculán y el Chivatillo, de los que surgió el Mariachi Salinas, patriarca de los grupos de cuerdas que tocan música vernácula, gracias a que sus instrumentos se componen por un guitarrón, dos violines, una vihuela y una chirimía.

Para finales del XIX fueron varios los mariachis que se dieron a conocer en Cocula y en Tecalitlán. Se dice que en 1896 el mariachi llegó a la ciudad de México en cuerdas y voz del grupo de José García. A principios del XX, el Mariachi de Cirilo Marmolejo impuso el traje de charro en su conjunto musical y, a partir de entonces, varios grupos lo imitaron. Durante el porfiriato y el cosustancial afrancesamiento nacional, no fue una buena época para el mariachi, ya que, al igual que el tequila, se le consideró propio de la plebe, populacho o clases bajas; sin embargo, la historia registra un par de ocasiones, en 1905 y en 1907, respectivamente, en las que Porfirio Díaz celebró con música de mariachi sendas fiestas: la de su onomástico y otra en honor al secretario de estado norteamericano, Elihu Root.

Con la Revolución, el corrido se conviertió en el arma musical del movimiento armado, lo que, a la postre, nutrirá de letras al mariachi. Una vez pacificado el país, se empezaron a filmar las llamadas “películas rancheras”, en las que el mariachi ocupó un sitio de honor.

Para los años 30 (del XX) la agrupación de Marmolejo introdujo la trompeta en el mariachi y, en 1936, el aún candidato a la Presidencia de México, Lázaro Cárdenas, invitó al Mariachi Vargas de Tecalitlán (fundado en 1898 por Gaspar Vargas) a su campaña electoral por la República, dando por resultado una revaloración del mexicano por este género de música vernácula, en tanto que el grupo de los Vargas (que en la actualidad va por la quinta generación de músicos) se convirtió en modelo a seguir por propios (mariachis del occidente de México y de la propia ciudad de México) como por extraños (se sabe de agrupaciones con características de mariachi en distintos países e, incluso, en idiomas tan distantes al español como el japonés).


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