
El mambo nacio en África pero se desarrollo en Cuba, tomo el nombre de “Mambo” de un danzón de Orestez López pero fue en realidad una rumba combinada con percusiones la que dio origen a este contagioso ritmo. Las orquesta cubanas comenzaron a adoptar este género. Aunque un día Dámaso invento un baile para el mambo y se convirtió en el primer vendedor del Mambo.
Pérez Prado llegó a México con apoyo de algunos de sus compatriotas que se encontraban ya establecidos, como Ninón Sevilla, Beny Moré y Kiko Mendive. Al poco tiempo forma una orquesta con la instrumentación del tipo de las grandes bandas de jazz, adicionadas con la imprescindible percusión afrocubana, y con esto que crearía el estilo del mambo, en donde el verdadero solista es la orquesta.
Su música se apodero de la sociedad mexicana de los años cincuentas, se volvió una obsesión sin importar clase social. Esta fiebre también llego a Nueva York y a Europa pero Pérez Prado decidió quedarse en México a forjar su leyenda tanto como excelente músico y genial compositor, pero también como un actor muy discreto pero dueño de cualquier escenario donde se presentara.
Su vida personal fue muy discreta aunque todo lo contrario de su vida musical ya que fue boicoteado por los mismos promotores cubanos al estar en contra de la nueva forma de Orquesta hizo Pérez Prado, la cual moldeo según las necesidades del género. Le complicaron mucho la vida ya que no conseguía contratos para el y sus músicos, todos ellos cubanos. Hasta que un club nocturno hizo caso omiso de las advertencias y lo contrato. El éxito de Pérez Prado y su orquesta fue tal que no lo dejaban salir del país, solo con promesas de volver lo mas pronto a México pudo hacer giras por todo estados unidos y el genio creativo de Dámaso estaba en plenitud ya que compuso cientos de mambos a los cuales ya le era difícil nombrar y prefirió comenzara enumerarlos.
También hizo grandes esfuerzos por salir del encasillamiento y trato de popularizar otros ritmos como el suby o el dengue; pero como él inventor del baile del mambo y el mayor exponente del ritmo no pudo quitarse nunca la etiqueta del Rey del Mambo.
Pérez Prado llegó a México con apoyo de algunos de sus compatriotas que se encontraban ya establecidos, como Ninón Sevilla, Beny Moré y Kiko Mendive. Al poco tiempo forma una orquesta con la instrumentación del tipo de las grandes bandas de jazz, adicionadas con la imprescindible percusión afrocubana, y con esto que crearía el estilo del mambo, en donde el verdadero solista es la orquesta.
Su música se apodero de la sociedad mexicana de los años cincuentas, se volvió una obsesión sin importar clase social. Esta fiebre también llego a Nueva York y a Europa pero Pérez Prado decidió quedarse en México a forjar su leyenda tanto como excelente músico y genial compositor, pero también como un actor muy discreto pero dueño de cualquier escenario donde se presentara.
Su vida personal fue muy discreta aunque todo lo contrario de su vida musical ya que fue boicoteado por los mismos promotores cubanos al estar en contra de la nueva forma de Orquesta hizo Pérez Prado, la cual moldeo según las necesidades del género. Le complicaron mucho la vida ya que no conseguía contratos para el y sus músicos, todos ellos cubanos. Hasta que un club nocturno hizo caso omiso de las advertencias y lo contrato. El éxito de Pérez Prado y su orquesta fue tal que no lo dejaban salir del país, solo con promesas de volver lo mas pronto a México pudo hacer giras por todo estados unidos y el genio creativo de Dámaso estaba en plenitud ya que compuso cientos de mambos a los cuales ya le era difícil nombrar y prefirió comenzara enumerarlos.
También hizo grandes esfuerzos por salir del encasillamiento y trato de popularizar otros ritmos como el suby o el dengue; pero como él inventor del baile del mambo y el mayor exponente del ritmo no pudo quitarse nunca la etiqueta del Rey del Mambo.
¡A bailar!
El video es muy viejito, asi que el sonido esta mal, pero vale la pena, ya que es uno de los mambos que menos se escuchan: Patricia.